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miércoles, 29 de octubre de 2014

¿Disfrutamos en los museos?

Existen multitud de tipos de museos, desde los más típicos como son los relacionados con el arte y la historia, hasta algunos no tan típicos como puede ser aquellos relacionados con la tecnología, hasta los más atrevidos. Por lo tanto contamos con una gran variedad de museos capaz de satisfacer la curiosidad de cualquier persona. Debido a esa gran variedad podemos elegir que museos visitar, aquellos que se acerquen a nuestros gustos o visitar algo nuevo por probar y experimentar.  

Museo del Videojuego, Berlín (Alemania)
Pero a pesar de ello la gente suele ser reacia a visitar los museos y el pensamiento general es que los museos son elitistas y aburridos. Quizás el problema esté a veces en la educación que recibimos, pero en muchas ocasiones también está el problema en los propios museos, pues en muchas ocasiones ellos mismos se vuelven elitistas e incomprensibles o nos limitan a la hora de disfrutar.

Lo que muchas veces debería ser una gran experiencia, se convierte a veces en una experiencia algo desastrosa o simplemente no nos llega lo que hemos visto, haciéndonos creer que el resto de los museos son así y que no merece la pena volver a otro.

El principal defecto que tiene algunos museos o galerías es la mala organización en general. Sé que es muy difícil el trabajo del museólogo, pero una mala organización entorpece mucho la visita. Un ejemplo claro de esto es no aclarar el recorrido, siempre se tiene la sensación de que estas empezando el recorrido al revés, y cuando te das cuenta que es cierto, es muy tarde para volver a empezar. La mejor solución para esto es realizar un recorrido no tan tradicional y con libertad de visitar las salas como quieras sin que esto influya en el sentido de la exposición o especificar el recorrido que se debe de hacer o recomendar uno.

Otro aspecto que nos limitan a la hora de disfrutar es la mala colocación de los carteles identificativos, pues a veces no se encuentran al lado de sus correspondientes obras u objetos o están puestos de forma casi aleatoria. Igualmente los carteles explicativos demasiado largos consiguen el efecto contrario, que no los leamos. También en muchas ocasiones los carteles u objetos no están colocados a la altura adecuada impidiendo que algunos usuarios lo puedan ver con claridad.

Otro aspecto negativo es el no poder volver a una sala que ya has visitado, ya sea porque no la has podido ver bien o porque tu grupo se ha quedado atrás y quieres regresar con ellos o por el motivo que sea. Principalmente se hace para controlar el flujo de visitantes y evitar las aglomeraciones, pero quizás es algo excesivo este método y se deberían de practicar otros.

Finalmente el aspecto que posiblemente más molesta a la hora de disfrutar un museo son las continuas prohibiciones. Una persona que está habituada a visitar museos, exposiciones y galerías entiende el porqué de esas prohibiciones y actúa de una forma acorde a esas reglas. Pero para alguien que es la primera vez o está poco habituado, no entiende por qué no puede sacar fotos o utilizar el flash, hablar, no conoce la distancia a la que puede acercarse a algo, o si puede o no puede tocar algo -incluso esto último es difícil saberlo siempre- al final cualquiera puede salir escarmentado con tantas prohibiciones. Por ello los museos también deberían de tener en cuenta la labor de enseñar esas reglas a su público y hacerles entender el porqué. Los museólogos y encargados deberían de comprender que hacen estas exposiciones para un público muy variado y que no siempre está educado en estos aspectos.

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