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viernes, 8 de marzo de 2013

Día Internacional de la Mujer



Con el motivo del Día Internacional de la Mujer dedico una entrada especial a las mujeres artistas, esas grandes olvidadas en la Historia del Arte. Este año tengo el honor de dedicarles una asignatura a estas mujeres y aquí os dejo un poco de lo que me ha parecido más interesante y reivindicativo.

Las mujeres durante toda la historia han sido poco valoradas, incluso olvidándolas. De esta forma, en épocas más antiguas era difícil ver una mujer artista, pues por las propias normas de los talleres se excluían a las mujeres ya que el aprendiz tenía que vivir con el maestro hasta terminar el aprendizaje, y como bien se sabe cualquier mujer debía de estar ligada a un hombre durante toda su vida, ya sea padre, hermano o esposo. De esta manera, prácticamente las únicas mujeres que pudieron practicar este oficio son aquellas que tienen un parentesco con un artista. También hay que tener en cuenta que dejaban para las mujeres los trabajos más “adecuados” a ellas y con más delicadeza, pero esto no significa que no haya grandes mujeres esculturas o arquitectas.

Luego, tras haber terminado el periodo de aprendizaje, y aunque se convirtieran en oficiales, ejercieran su trabajo y diesen clases a nuevos aprendices, nunca fueron consideradas maestras, pues estaba mal visto por la sociedad de entonces que una mujer tuviese ese puesto o se dedicase al tema administrativo. Era normal que detrás de una artista reconocida siguiese habiendo un hombre detrás, como fue el caso de la escultora Luisa Roldán, que a pesar de haber roto con todos los esquemas, su marido, Luis Antonio de los Arcos, sigue firmando por ella.

Con la irrupción de las Academias, el rechazo de las mujeres no iba a ser menor, pues se hacían dibujos al natural y las mujeres estaban privadas de este tipo de modelos al desnudo, por eso las artistas estarán orientadas al bodegón, al paisaje o a los cuadros religiosos. Aunque en muchos casos se admitía mujeres en estas academias, luego no aparecían en los retratos oficiales y si aparecían era de forma indirecta. En 1843 se realiza en Inglaterra una escuela femenina de arte y dibujo, es decir, una academia dedicada exclusivamente a mujeres. En cualquier caso, las mujeres prácticamente serán excluidas de los ámbitos académicos artísticos hasta el siglo XX.


Podemos encontrar muchas figuras femeninas dentro del arte, pero solo señalaré algunos casos más curiosos.


Un gran ejemplo lo encontramos a principios del siglo XV con Christine de Pisan, es una figura rompedora y pionera, pues es escritora y novelista. Es considerada un icono feminista, pues habla de esa invisibilidad de las mujeres y se hace esta pregunta ¿cómo se va a entender la vida de las mujeres si todos los libros lo escriben los hombres? En 1405 escribe La ciudad de las damas, un libro dedicado a recoger ejemplos morales de la vida de de la persona que se relata para provocar un sentimiento de inspiración y pautas para la persona que lee.



Sofonisba Anguissola, pintora italiana (aproximadamente 1532-1625). Fue una artista muy valorada en su época. Pertenece a una familia de intelectuales, todas sus hermanas son pintoras y una de ellas escritora. Pero también tenemos que mencionar que pertenecer a la nobleza, por lo tanto pueden recibir una adecuada educación y estar protegías  por las leyes gremiales y de las academias, pues realmente un noble no podía ejercer un oficio y por lo tanto se la considera una aficionada. Pero esto no hace que disminuya su talento, de hecho fue una pintora de tanta fama que entró en la corte de Felipe II siendo una de las nobles que acompañaba a la reina siendo también pintora de cámara. Su calidad no tuvo parangón siendo de esta forma que ningún hombre le quito ese puesto de pintor de la corte.


Dejando a un lado los años del renacimiento, nos vamos a los años 70 donde encontramos un ejemplo muy reivindicativo de la mujer.
Judy Chicago es la autora de  Dinner Party, presentada por primera vez en el Museum of Modern Art de San Francisco en 1979. Es un arte sofisticado sobre temas femeninos, pero levanta polémica. Esta instalación está formada por una mesa con forma de triángulo, en cada lado del triangulo hay sitio para trece asientos (recordando a la Última Cena), en cada asiento se dispone un plato con motivos sexuales, pero con aspecto floral, es decir, las vaginas parecen ser flores. A parte de estos distintivos platos, también hay un tapete, diferente para cada lugar, con el nombre bordado de una mujer muy representativa en la historia. Finalmente, en el suelo podemos ver más nombres de mujeres.

Es una crítica hacia los roles asociados a la mujer, el preparar la comida y servir la mesa, pero ahora Judy Chicago reinventa esta acción.  Ahora son las mujeres la que ocupan un puesto importante en esa mesa.